La mia ignoranza porca: ¿Cuánto pesan 22,000 dólares?

La respuesta: 27 kilogramos.

Hoy por la mañana vi una noticia muy curiosa que anunciaba una edición impresa de fotografías tomadas directamente de los frescos de la Capilla Sixtina, y encuadernadas en un juego de 3 volúmenes.

La noticia es, en sí misma, llamativa e invita -obliga- a hacer clic en ella.


Al pasar las primeras líneas, se topa uno con el precio increíble de 22,000 dólares, el tamaño increíble de los volúmenes y el peso increíble de los volúmenes. Todo en tamaño ultra-mega-maxi-hiper-extra-gigante, para justificar todo lo que sea justificable.

No recuerdo [no quiero recordar] si en este blog escribí algo que hará una veintena de años me llevó a lanzar algún improperio contra las ediciones de Moleiro Editores. Es más que probable que aquel comentario se haya quedado frito en algún disco duro dañado, o esté reposando en un cedé grabado y almacenado en alguna de las torres que todavía vagan por diferentes rincones de la casa. No obstante, ambos hechos y ambas noticias están emparentados.

La noticia que atañe a la Capilla Sixtina es sigilosa y como era de esperarse, 'políticamente correcta' [políticamente correctísima, puntualizaré], ya que deja en claro que aquella es una edición para coleccionistas -sean estos grandes museos, librerías o bibliotecas de magnates y oligarcas- reducida a un tiraje de 1999 ejemplares, de los cuales 600 están impresos con texto en inglés y cuyo resto, en italiano, ya se ha agotado.

Pensé en ese otro desvarío de hará casi 20 años, ya que viendo las ediciones quasi facsimilares de Moleiro Editores, me pregunté entonces -al igual que hago en este momento- ¿qué es lo que se está ofertando, vendiendo, al posible comprador? Y ese hipotético comprador, ¿qué es lo que está comprando?

La noticia da otros detalles, minuciosos aunque superfluamente inútiles. 822 páginas en total. 24x17 pulgadas. +27,000 fotografías tomadas en 65 noches.

Técnicamente, nos encontramos ante un problema no minúsculo que cualquier editor y diseñador puede entrever. Las fotografías tomadas en super-altísima definición permiten apreciar los trazos de los pinceles y brochas, la textura de la superficie e incluso, las pequeñas grietas surgidas con el paso de los siglos. Y aunque cada noche debió montarse y desmontarse un andamio portátil para permitirse el acercamiento a las pinturas, la luz utilizada no puede igualar aquella que emana del astro rey, por más que los reflectores utilizados puedan brindar o proporcionar una 'idoneidad' a la empresa en cuanto tal.

"Los acercamientos en cada imagen permitirán apreciar detalles que el visitante no puede percibir asistiendo a la Capilla Sixtina en persona", reza el artículo.

¿En qué momento pasamos de lo analógico a la resolución 8k? ¿En qué momento Miguel Ángel, Boticelli y demás pintores, supusieron que sus obras serían analizadas con lupa, y que se observarían las pinceladas, las pequeñas grietas y el grado de porosidad de las paredes, más que permitir la transmisión de una idea, una emoción o sentimiento -llámelo como ud. guste, poco probable y bienvenido lector- y, rizando el rizo, quedarse en la materialidad inmediata más que en realce de las reuniones que se tuvieron, tienen y seguirán teniendo en el recinto?

Se ha llegado a un acuerdo -se dice en el artículo- con el Vaticano para impedir que de esa obra también existan reimpresiones posteriores. ¿En verdad mandarán a la papelera de reciclaje las 27,000 fotografías y con ellas, las fementidas 65 noches requeridas para sacara adelante tal empresa? ¿A tanto llega nuestra ceguera física, moral e intelectual?

Ni siquiera la falsa cercanía de un prometido y promisorio resultado con escala 1:1 puede soportar el examen más somero en pos de una autenticación física inmediata: no seremos nosotros, pobres mortales condenados a vivir en casitas de interés social, quienes vayamos a subirnos en un andamio con un codo o pie real, a tomar las medidas de los frescos y confirmar que coinciden tout-à-tout con lo impreso, y mucho menos a rascar la agrietada superficie de 'La creación' para visualizar que la pigmentación coincide con la proporcionada por el juego litográfico de 6 tintas. Es más, ni siquiera veremos de cerca semejantes libracos que requerirán un exhibidor con vitrina para ellos mismos.

Nosotros, no. Pero aquellos que pudieron hacerse con una copia... ¿en verdad, qué fue lo que compraron?


1753.
Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

Comentarios