Leave no trace: La perfección de lo imperfecto.


Leave no trace es uno de esos filmes que tienen la cualidad de ser perfectos, redondos, de no tener tiempos muertos. Y su argumento es mínimo, lineal, coincidiendo con la forma de aquel laberinto perfecto postulado por Borges en 'La muerte y la brújula'.

La vida humana entendida como un espiral de encuentros y desencuentros, la visión que adquiere una categoría que la hermana con la epifanía, de lo efímero de esta existencia y el valor enorme, cósmico, de cada vida, de cada día. De cada instante.


Esta no es una película para quienes gustan de llorar por motivos bobalicones, por los efectos melodramáticos y los recursos dulzones y emotivos. Al contrario, necesita una muy buena dosis de intelectualización y una gran capacidad para escapar de la primera trampa que ofrece: la predictibilidad.

¿Es una película predecible? Sí. Al extremo. Vd. puede saber, estimado lector, desde el primer minuto cómo acabará aquello. Lo que Vd. no puede saber, estimado lector, es el camino que será necesario que los actores principales recorran para llegar hasta la parte última y final del filme. Por ello requiere de toda su atención, y también de que Vd. esté dispuesto a dejarlo todo para tomarse el tiempo de disfrutar las tomas, el escenario, la música, esos diálogos desdibujados e incisivos.

Una película perfecta que retrata la imperfección de las relaciones humanas, y el vículo inquebrantable de dos identidades dispuestas a separarse con tal de vivir juntas por una y toda las eternidades.

1713.
Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

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