Recovering Enya.


Chivas Regal.

Sí, ya se acordó. Apenas iniciada la década de los noventa, las arpas con su pizzicato característico se hacían acompañar de algunos sintetizadores y la voz etérea de Enya.




Zacatecas era otra. Mañanas frescas, losas limpias. Ni pensar entonces en el vandalismo de muros de cantera pintarrajeados con botes de pintura en aerosol. Era 1991, el nuevo milenio aún estaba lejos, perfilándose en un horizonte difuminado y aturdido por la caída del muro en Berlín, el colapso de Rusia, la guerra envuelta en una Tormenta del desierto. Y con todo, parecía que la escena del comercial transcurría en alguna parte aledaña, muy próxima a la capital.

Aquel era el mundo en ese entonces. La ciudad, cantera rosa, semejaba una burbuja en la que cabía el universo entero. Los estantes de las tiendas de discos mostraban tres formatos para los álbumes más importantes: lp, cassete y cd.

George Winston, Vangelis, Jarre, Oldfield, Vollenweider, Enya, ellos reinaban en los estantes. Enigma despegaba y no tenía competencia. Resultaba más fácil conseguir cualquier álbum de Pink Floyd en lp que en cd, y nos sentíamos glorificados al pagar doce, diecinueve, treinta mil pesos por álbum.

Enya llegó casi de la mano con Winston. No sabía el nombre del track pero me habían dicho que estaba en ese álbum. Watermark. Así que comencé a oir desde el principio, topándome de frente con ese piano, directo, libre de afectaciones gratuitas, un álbum femenino.

Sólo una mujer sería capaz de interpretar de aquella forma, o jugar con los sintetizadores de aquella manera. El Caribe, África, todo llegaba en una atmósfera aderezada de la humedad fría y la niebla puntual de febrero.

Así conocí a Enya, así supe de aquellas leyendas urbanas que afirmaban la maravilla genial de aquella música: Enya interpretaba cada una de las voces e interpretaba cada una de las partes asignadas a los instrumentos, utilizando la misma técnica que Vangelis.

¿Enya tocando arpa electroacústica, como Vollenweider? Allí estaba Orinoco Flow. Allí estaba la voz de Enya, Allí estaba toda la música de aquella guapísima mujer irlandesa.

No supe que algunas de sus composiciones tenían su video correspondiente, sino hasta ocho años después. Con todo, no sería sino ya entrado el nuevo siglo y milenio que pude verlos, ya mediando el año 2003.

Algunos años después nacería mi hija, y me caería encima la avalancha de películas infantiles de la que alguna vez hablé ya en este blog. Pero la cinta más atroz, la más terrible de todas, sería una bacanal de pistas y animaciones hechas con la sola intención de llenar la pantalla y embobar a la audiencia con sonido y color sin transmitir nada más alla de la mera forma. 'Madagascar 3'.

Enya, los romances entre los animalillos, la ridiculez de miradas dulzonas haciéndose acompañar por la música inconfundible de aquel piano y aquella voz, de aquellos sintetizadores y aquellos idiomas. Aquello fue en el 2012. Veraderamente los animalillos animados me habían robado a Enya, y el cd de Watermark me resultó imposible de escuchar en los años que vendrían.

Y aunque la primera parte me parece rescatable, la segunda me pasó de noche y la tercera me resulta aborrecible aún hoy. Pero en este año, después de aquel sinsabor, he podido regresar a Enya. A su voz, sus sintetizadores, sus armonías. Me han ayudado en gran parte -de forma curiosa, muy curiosa- un video que es el favorito de mi hija: Only time.





No forma parte de Watermark. Quizá por ello me ayudó tanto a liberarme, desentrelazar las imágenes animadas del filme y la música del álbum. Y comprendí que esa era la solución.


Así que visto ya el tratamiento que debería seguir, fui descubriendo nuevamente aquella música, sacando del olvido y del estante mis ya viejos cds de Enya: The Celts, Watermark y Shepherd Moons.

Cinco años después, puedo escuchar nuevamente a Enya libre ya de aquellas imágenes tóxicas. Y puedo deleitarme con finuras como esta -mientras espero que mi hija siga disfrutando, en esta época en la que está a punto de entrar en la adolescencia, aquella música inconfundible-:





1700
Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

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