Usted, el peor de todos


El sólo hecho de que esa desabrida democracia que hoy disfrutamos haya quitado la actividad deplorable y criminar de 'leer' y borrado toda sospecha de su infame origen, no significa que dicha acción y los promotores de tan horrendo crimen vayan a seguir impunes por los siglos de los siglos.

La lectura es un placer malvado, el más abyecto de todos.

Pero vayámonos por partes. El antaño llamado 'arte de leer' y nunca mejor nominado 'placer de la lectura' tiene su origen en un proceso complicadísimo que sólo ha podido ser aprehendido, detallado y explicado por las mentes más brillantes de nuestro tiempo, como Umberto Eco, o ese señor de nombre raro, Noah Chomsky; todo ello sin olvidar a Derrida por más feo que suene, y por supuesto, incluyendo a nuestra pocas veces entendida Sor Juana Inés de la Cruz.

Si entre los criminales existen categorías, entre los transgresores malditos que han de ser contabilizados entre los peores de los peores deberemos contar a Eva, esa mujer tan irreal que termina siendo más real que el 'eslabón perdido' que tantos suspiros levanta aún entre científicos y estudiosos de la genética.

Las nuevas teorías del conocimiento ponen en evidencia la torpeza natural del cerebro humano. Y como humanos lo eran y muy a su pesar, tanto el mítico Adán como la imperdonable Eva, no pudo suceder distinto en el asunto aquel de la manzana.

Mientras Eva leía de pies a cabeza a Adán, y pensaba en las maravillas y los convenientes futuros que se desplegaban ante ella, con la única condición de morder un fruto que por demás debió haber sido delicioso, Adán disfrutaba embrutecido en la simple experiencia de ser. Eva leyó a Adán antes de que siquiera esos israelitas creadores de mitologías pusieran su historia por escrito, en unas letras que tienen formas misteriosas que más se asemejan a sierpes que a otra cosa.

Y después de aquella mordida, debida a la imperdonable y a todas luces deleznable acción de leer, devino la tragedia humana. Por eso a Homero los griegos lo pintaron ciego. Sería también otro crimen que el padre y creador de la mejor poesía jamás escrita en aquellos lares hubiera cometido también el atroz crimen de leer. Él nada más versificaba, y dictaba sus versos a quien tuviera a la mano, igual que varios siglos después haría Milton, a quien el acto criminal reiterado e impenitente de leer dejó ciego los últimos días.

Y no pueden faltar otros ciegos, que pagaron como debían su criminal afrenta. Tenemos a Bach, que después de reinvetar la armonía y encriptar la manera correcta de afinar el clave en la portada de sus libros, se quedó ciego, escuchando la música siniestra de la condenación eterna, y que llegó a nuestros días en forma de caos instrumental que suele identificarse como 'contrapunto'.

Sor Juana sabía, no obstante, muy bien cómo se jugaba ese juego, y no iba a ceder al mismo irracional impulso de Eva, su antecesora. Así que ella leyó pero no para sí, sino para los otros. Al parecer tenemos en ella la primer representante de eso que acá en nuestros lares Arreola llamaría 'Lectura en voz alta'. Sor Juana se curó en salud: leo pero no para mí, leo para los otros. Para los que ya están condenados, aún sin saberlo.

Por eso escribió versos apologéticos, como aquel de "Salgan signos a la boca de lo que el corazón arde, que nadie, nadie creerá el incendio si el humo no da señales." Mire nada más, ahora resulta que las que escriben -para que los condenados lean- no son las manos, sino la boca, y más aún, el corazón que se encuentra un poquito más abajo. Y en el pecado lleva la penitencia, de otra manera no se entiende por qué el corazón tiene que estar ardiendo. Allí está, a la vista de todos, el castigo por el crimen cometido, no sólo la lectura, sino también la escritura es una abominación.

Por eso es que la ignorancia siempre es una bendición, no por otra cosa. Quien ignora, el analfabeto, quien no sabe leer y quien necesita que un condenado al cadalso le lea, seguirá siendo analfabeto e ignorante, ya que sólo podrá recrear en la medida de sus posibilidades -posibilidades muy limitadas, además- aquello que le ha sido leído, y no distinguirá un cuento escuchado en el regazo materno, de lo que sea un poema de Shakespeare o un libraco de Dan Brown.

Por el solo hecho de leer, estamos condenados y somos reos de lesa majestad. Bien merecido que lo tenemos.

Por eso, este país y el mundo entero sólo en apariencia están yéndose por el caño. Es que el crimen perpetuado y cometido hasta el punto del vicio han de ser combatidos con empeño y sin dudar jamás. Este país está a punto de convertirse en un país ideal, semejante en todos los aspectos al paraíso aquel que por su culpa inexpurgable nos arrebató Eva con la complicidad de Adán.

Así, con esos breves exemplos, ha quedado demostrada la denostable y maléfica naturaleza de la lectura y los corrompidos y putrefactos lectores.

Y por eso, estimado, y nunca bien ponderado lector, entre todos, usted es el peor de todos.


Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

Comentarios

Jesus Olague ha dicho que…
Ah, chingá! y yo por qué?
Francisco Arriaga ha dicho que…
nomás por haber contestado, pos cómo que por qué.