Luis Donaldo


Este día los priístas están de plácemes, manteles largos, y también con caras tristes y compungidas.

La conmemoración del asesinato de Luis Donaldo Colosio es ya, increíblemente, otra fecha que nadie medianamente civilizado puede pasar por alto, al menos no aquí, en México.

Los priístas que no saben si ponerse contentos o tristes ayudaron mucho a erigir a Luis Donaldo como un mártir de una causa que en momento alguno fue de ellos. Es más, a quienes esa historia nos tocó verla 'de cerquita' nos consta que Luis Donaldo se quedó a un tantitito así de disolver el PRI, viendo lo que todo mundo puede ver ahorita: es un partido cuya maquinaria está enmohecida y al que es imposible nada más cambiar el motor para que siga funcionando. Dicha maquinaria, anquilosada y casi estática aún sigue funcionando por la inercia que le da una existencia de 80 años, no por otra cosa.

Los rumores de que a Luis Donaldo lo mandaron matar las altas élites del PRI sigue elevándose como la opción más factible dentro de los absurdos y mojigatos alegatos que quieren ver conspiraciones donde sólo existió una orden directa, que sencilla y llanamente era no dejar que este subversivo llegara a sentarse en la silla presidencial, porque se les caía el teatrito. Estaba Salinas en el poder, con un PRI que no podía seguir tapando la inmundicia sobre la que se encontraba fundamentado, y con un futuro incierto que cristalizó en ese gran presidente ausente, Zedillo.

La apatía y amorfismo de Zedillo fueron los colchones que el PRI necesitaba en esos momentos más que nunca, un presidente que permitiera una transición más o menos pacífica entre gobiernos que poco tenían en común, dándole al PRI el tiempo necesario para hacerse también a la idea de que no volvería a sentarse en la presidencial por lo menos un par de sexenios.

Los discursos que con esta fecha se escuchan en la radio son vigentes y actuales, y si los actuales miembros del PRI pueden seguir escuchándolos mientras ponen su mejor rostro de borrego a medio morir, es sólo porque es imposible que escuchen lo que no quieren escuchar: la crítica y el reclamo de un priísta que surgió a destiempo, y tenía más en común con los líderes del partido de mediados de los cincuenta, que con la caterva encargada de medio vender al país de las décadas de los ochenta y noventa.

Guardemos un minuto de silencio por el subversivo y quasi revolucionario Luis Donaldo Colosio: un verdugo acallado que terminó volviéndose mártir.


Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

Comentarios

Ana Ma ha dicho que…
es mañana, no?
Francisco Arriaga ha dicho que…
nope.

y como también me quedó la duda, ya lo chequé en la wiki.
Ana Ma ha dicho que…
Cierto, tiene razón.