Mierda

Repasando hace ratito cuándo fue que leí por primera vez a Eco y sus novelas, me doy cuenta que hace 17 años fue que leí 'El péndulo de Foucault', en el lapso de sólo 4 días. A Alejandro de la Cueva le habían prestado el libro, y tenía que entregarlo pronto, así que sólo tenía con 4 días para leer las poco más de 700 páginas del libro.

Y por si fuera poco, al llegar a su casa en un par de horas tuve que leer un libraco llamado 'Las claves del Péndulo de Foucault', un librito de 120 páginas con información valiosísima que me ayudó a entender un poco mejor la trama: el libro tampoco era de él, y también era prestado.

Hoy me doy cuenta que varios de los mejores libros que he leído no han sido míos... lo que me afirma en mi pobreza económica y suertuda rapidez para la lectura.

De todos modos, diecisiete años son un chingo de años... y siento que sí, esto se pone cada vez más feo.

Y eso que todavía no llego a la crisis existencial de los 35 años... pinche suerte.



Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

Comentarios

Carolina García ha dicho que…
Ay, Greg...
Pero si más vale tener esa avidez intelectual para comerte un libro denso así tan rápido, que una pared tapizada de libros llena de ácaros por falta de movimiento. Habemos algunos que nuestras bibliotecas son construidas a punta de libros que "poseemos" de la mejor manera. Que así, ni los bomberos de Farenheit 451 no podrán con nuestras lecturas. ¿La riqueza de los libros no va más allá de los libros en sí mismos?
¿O es demasiada ilusa la idea?
Confieso envidia de tu biblioteca... pues
Francisco Arriaga ha dicho que…
Caro:

La cuestión de leer rápido fue por mera praxis más que inicialmente por gusto.

Desde que estaba en la primaria comenzó ese calvario, de que me prestaban libros que tenía que leer en un par de días. La mayor parte de estos libros eran tomados de bibliotecas donde nadie los leía, y cuyos dueños estaban seguros también de tampoco los leería.

Hace como cinco años, en una vuelta a Jalpa, encontré en la biblioteca de Simitrio un librito de poco más de ciento cincuenta páginas. No recuerdo el título ni el autor, pero era uno de esos libros de bolsillo que tanto abundaron a principios de los ochenta. La trama principal trataba de un mago que logra encerrar a una mujer dentro de una capa delgadísima de cristal. Algo así: el día que el cristal se rompiera ella moriría.

Me la prestaron con la condición de entregarla al día siguiente. Y la leí y la entregué, tenía en ese entonces once años.

Así que poco hay que envidiar lo que en su momento me hizo guardar un rencor profundo por no poder tener libros, y la obligación de leer rápido cualquier cosa que llegaba a mis manos.

Dicen los psicólogos que lo que se lee velozmente persiste más tiempo en la memoria. Como sea, en aquellos días la lectura era una necesidad rabiosa. Y lamentablemente hoy día me falta tiempo, aunque la necesidad sigue igual, intacta.
lady axolotl ha dicho que…
yo solía leer rápidamente y con avidez, hasta que se me murieron algunas neuronas.... ahora quisiera leer como leía antes. También leí el Péndulo de Foucault supongo que seran esos mismos 17 años, y bueno, según yo le había entendido, pero entonces era demasiado joven y demasiado vanidosa como para darme cuenta que no había entendido nada. No lo he vuelto a leer desde entonces, y .... dudo entenderle del todo incluso ahora. Saludos desde un muy caluroso Tampico