Dogmas de fe

Podrá verse que, a poco de reflexionar y escarbar un poco en la historia de los dogmas, surge una pregunta válida que no ha de obviarse dejándose de lado, y que es un requisito 'sine qua non' puede intentarse siquiera una lectura de la historia dogmática:

¿Es necesario replantearse nuevamente los problemas y las situaciones desde las cuales brotaron los dogmas como estatutos indispensables de la fe?

La respuesta es .

Un escritor que se vio tentado a finales del siglo XIX a escribir una muy coherente y maciza historia de los dogmas -al menos católicos, pero echando mano de un sinfín de materiales y también argumentaciones- fue Tixeront.

Este mismo escribió un utilísimo manual de Patrología, que, aunque tenga un nombre muy claro, diáfano y pudiera 'tentar' a disipar cualquier duda de antemano sobre el tema de estudio, es una revaloración de la Patrología como tal y el lugar que ocupan algunos autores en la nómina que nos dejara Migne, y mantuvieran los hermanos Garnier.

De la introducción a su librito, extraigo lo siguiente:





Christian Literature is the name given to the collection of writings composed by Christian writers upon Christian subjects. This excludes both the works of Christian authors upon profane subjects (there are many such in our days on positive science or history) and the works of non-Christians upon Christian subjects, v.g., the True Discourse of Celsus.
Ancient Christian Literature is that of the early centuries of Christianity or of Christian antiquity. Authors generally fix the limit at the death of St. John of Damascus (c. 749) for the Greek Church, and at the death of St. Gregory the Great (604) or, better, of St. Isidore of Seville (636) for the Latin Church. This was the time when new elements, borrowed from the barbarians, began considerably to modify the purity of the Latin genius.
Ancient Christian Literature, thus defined, comprises the New Testament, writings composed by Christians and essentially Christian in character, and the works of such heretics as may still be called Christians. It has been viewed in this light and dealt with in this way by Harnack in his History of Ancient Christian Literature up to the Time of Eusebius and by Msgr. Batiffol in his Greek Literature.
Other writers until recently the majority among Catholics have excluded from their histories of Christian literature not only the books of the New Testament, which are the object of an independent study, but also the writings of notorious heretics condemned by the Church.
There seems thus to be a tendency to reduce the history of Ancient Christian literature to a history of the writings of the Fathers of the Church (Patrology).
The title Father of the Church, which has its origin in the name of ‘Father’ given to bishops as early as the second century, was commonly used in the fifth century to designate the old ecclesiastical writers ordinarily bishops who died in the faith and in communion with the Church. According to modern theologians, the title applies only to those writers who have the four following qualifications : orthodoxy of doctrine, holiness of life, ecclesiastical sanction, and antiquity. Practically, however, it is given to many others who do not possess the first three requisites. Nobody, indeed, would dream of eliminating from the list of the ‘Fathers’ such men as Tertullian, Origen, Eusebius of Caesarea, Faustus of Riez, etc. Errors have been laid to their charge, but these mar their works without making them more dangerous than useful; whilst they are wrong on a few points, there is in them much that is good. At all events, they eminently deserve the title of Ecclesiastical Writers.



No puede dejar de traducirse un texto tan ameno y sabroso como este.



Literatura Cristiana es el nombre dado a la colección de escritos compuestos por escritores Cristianos sobre temas Cristianos. Esto excluye tanto los trabajos de autores Cristianos sobre temas profanos (actualmente abundan estos en la historia o ciencia positiva) y los trabajos de no-Cristianos sobre asuntos Cristianos, por ejemplo el 'Verdadero discurso de Celso'.
La Literatura Antigüa Cristiana es la de los primeros siglos del Cristianismo o de la Antigüedad Cristiana. Algunos estudiosos [autores] generalmente sitúan el límite en la fecha de la muerte de S. Juan de Damasco (c. 749) para la Iglesia Griega, y la muerte de S. Gregorio Magno (604) o, incluso, S. Isidoro de Sevilla (636) para la Iglesia Latina. Fueron esos tiempos donde nuevos elementos, momentáneamente introducidos por los bárbaros, comenzaron a modificar considerablemente la pureza del genio Latino.
La Literatura Antigüa Cristiana así definida, comprende el Nuevo Testamento, los escritos compuestos por Cristianos y esencialmente Cristianos profesos, y los trabajos de algunos herejes que bien pueden seguir siendo llamados Cristianos. Tal es lo que se observa y el punto de vista bajo el que la aborda Harnack en su Historia de Antigüa Literatura Cristiana hasta el tiempo de Eusebio y también Mons. Batiffon en su Literatura Griega.
Otros escritores -algunos recientes y casi todos pertenecientes al Catolicismo- han sido excluídos de las historias de la Literatura Cristiana, no sólo los libros del Nuevo Testamento -los cuales son objeto de un estudio independiente-, sino también escritos de notables herejes condenados por la Iglesia.
Parece pues, haber una tendencia a reducir la Historia de la Antigüa Literatura Cristiana a una Historia de los escritos de los Padres de la Iglesia (Patrología).
El título de Padre de la Iglesia, que tiene su origen en el nombre de 'Padre' dado a los obispos de principios del siglo segundo, fue comúnmente usada en el siglo quinto para designar los antigüos escritores eclesiásticos -ordinariamente obispos- que morían en la fé y en la comunión con la Iglesia. De acuerdo con los teólogos modernos, el título aplica sólo a aquellos escritores que poseían las siguientes cualidades: ortodoxia de doctrina, vida ejemplar, santidad eclesiástica, y antigüedad. Con todo, prácticamente es dado a muchos otros quienes no poseen los primeros tres requisitos. Nadie, en efecto, podría soñar con eliminar de la lista de 'Padres' a hombres como Tertuliano, Orígenes, Eusebio de Cesarea, Fausto de Riez, etc.
A ellos se deben algunos errores, que aunque dañinos no son suficientes para considerar sus trabajos más peligrosos que útiles: y aunque ellos estén equivocados en algunos puntos, hay muchas más cosas en las que son útiles. Por todo esto, a ellos se les asigna el título de 'Escritores Eclesiásticos'.



Es precisamente en el apartado de los errores donde se puede encontrar la razón de interminables disputas teológicas, hagiográficas, filosóficas e históricas que aún hoy no se dirimen del todo, y que han devenido en un lastre difícil de cargar para el fiel común.

Sobre este punto, conversando hará unos tres o cuatro meses con alguien que me contactó para pedirme que le ayudara a encontrar algunos volúmenes de la Patrología Latina, comencé a compartir mis puntos de vista sobre algunas cuestiones del credo católico. Mi interlocutor también lo es, y ambos atravesamos estadios muy similares en el desarrollo y crecimiento de la fe que profesamos actualmente.

Entonces, a quemarropa, me descerrajó que mi pensamiento era al cien por ciento el de alguien 'progresista'. Al principio me sentí anonadado, pues me consideraba mas católico que el papa, y lo poco o mucho que había husmeado en la historia de la iglesia católica lo había hecho precisamente sobre las bases que declaré en la entrada anterior sobre este mismo tema: buscando entender y fortalecer mi entendimiento sobre el por qué de tantos conflictos e incoherencias que terminan haciendo mella en el laico, en el feligrés 'de a pié' más que en los teólogos que se encargan de buscar confirmaciones acumulables sobre todo lo que ya está dicho.

Investigando sobre el progresismo, veo que al interior de la iglesia católica los ataques son inmisericordes contra quienes tienen el valor de declararse tales, y los argumentos, vacíos y bobalicones, no pasan de pretender justificar la actualidad de varios aspectos netamente eclesiales por los dichos de papas recientes más que sobre el colegio apostólico, biblia incluída, y padres de la iglesia todos en montón.

Me ví entonces obligado a repensar hasta dónde llegan los alcances de aquello que creo y cómo compagina -o nó- con aquello que debería creer. Para escribirlo de una manera clara y sin rodeos: sé que mi salvación depende del Señor, y en este mundo ha de buscarse la felicidad viviendo de una manera agradable a Dios. Y no toco el tema del sufrimiento y la existencia del mal porque están más allá de mis pobres capacidades, pero a grandes rasgos, lo aquí mencionado me permite:

  • observar que no puede despreciarse la fe inmediata de quien no se cuestiona porque no se le ha permitido cuestionarse jamás -pienso en los abuelos, que vivían lo que creían y cuya tutela para mis hermanos y para mí estuvo lejos de un rígido y muerto moralismo cristiano-católico,
  • constatar que los dogmas de fe apenas tienen en muchos casos un fundamento sólido que pueda traducirse en algo palpable y que permita salir a ganarse el pan y hacer frente a los infortunios de todos los días
  • verificar que cualquier tipo de estudio ha de partir de una honestidad sin concesiones, y sabiendo que puede incluso encontrarse aquello que no se buscaba ni se deseaba encontrar.




Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

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