La mediocridad mexicana ejemplificada con aguacates y pasaportes.

La mediocridad mexicana ejemplificada con aguacates y pasaportes.





Debido al ámbito laboral donde ejerzo mi profesión, frecuentemente trato con personas versadas en ámbitos distintos que ofrecen algún punto de vista sobre temas acerca de los cuales tengo alguna opinión, enriqueciendo y corrigiendo algunas de las muchas opiniones sesgadas que a mis cuarenta y siete años, sería imposible no poseer.

No obstante, hay algunos vericuetos a los que como ciudadano de a pie he de hacer frente y me han llevado a observar y tratar de dilucidar los porqués de ciertas acciones, que devienen también en situaciones para las que no hay explicación alguna.

La diferencia entre profesión y vocación -que alguien comentó hace años, difieren en que la profesión te permite poner alimento en tu mesa, y tu vocación proveer nutrimento al espíritu- es algo que tengo muy claro, así que en función de mi profesión he tratado un tema simplísimo para el que ni licenciados en negocios internacionales ni comercio exterior, ni contadores ni abogados, tienen una respuesta.

Además de ser un ciudadano de a pie literalmente hablando, me encuentro viviendo en el borde fronterizo, es decir, a un par de kilómetros de mi actual domicilio extiende sus aguas traicioneras el justamente bien llamado Río Bravo.

Así que he podido también ser parte de esos mexicanos con visa de turista que de vez en vez y cuando la buena fortuna lo permite, hace alguna compra 'deluxe' en alguna tienda norteamericana, y específicamente, alguna tienda tejana [léase éicHÍBí o Güalmart].

Hará cosa de tres o cuatro años, cuando el Señor Trúmpf parecía imponer su voluntad y semejaba un proyecto más que factible el levantar el fementido muro fronterizo, se armó la revolución entre algunos docentes, que veían una caída inminente del sector aduanero y más, de la economía del país.

Mi comentario, de ciudadano de a pie no entendido en macroeconomías ni procesos aduaneros, fue que LO MEJOR que podría sucederle a México, es que dicho muro se llevase a cabo, es más, México debió proponer el uso de mano de obra mexicana para que los tejanos y demás hiciesen realidad el famoso muro.

Se me quedaron viendo como si me tratara de un retrasado mental -estoy a punto de serlo, de las dos neuronas que aún me funcionan una está lidiando con pentagramas diariamente, y la otra intenta sacar a flote una novela que va por las 500 páginas y a la que faltan algunos capítulos y el remate con la palabra 'fin'- y, para tratar de explicar por qué dije lo que dije, les proporcioné mi experiencia como mexicano haciendo compras en una súper-tienda tejana/norteamericana.

"Lo que no entiendo -comencé- es por qué, cuando cruzo al otro lado y quiero comprar un kilo de aguacates, voy a una tienda norteamericana y veo que las cajas dicen con todas sus letras: mexican product, origin place: tabasco, chiapas, veracruz. Esto sucede de la misma forma con el plátano, jitomate y demás. Pero, específicamente el caso del aguacate, no entiendo por qué debo pagar 80 pesos por kilo en México en una tienda Smart, Soriana o Chedrahui, cuando en una tienda norteamericana encuentro la libra a 87 centavos de dólar. Es decir, a menos de 40 pesos el kilo. Y se supone que ese precio ya incluye costos de transporte, flete, aranceles y aduanas, y costes de manejo y procesamiento hasta llegar a esa mesilla de exhibición en una súper-tienda gringa. PERO, siendo yo mexicano viviendo en México -ese país que no existe y que ud. estimado poco probable y posible lector, NO ENCONTRARÁ EN EL MAPA- tenga que pagar el doble. Supongo que, o están exportando aguacate a Norteamérica con pérdidas -y en todo caso, cobrándome esas pérdidas para quedar bien con los vecinos del norte- o están ofreciendo un 'envío gratis' y cobrándome ese envío a mí como consumidor nacional. Como sea, Juan te llamas. En todo caso, como consumidor y ciudadano de a pie mexicano, querría comprar no la libra de aguacate a 87 centavos de dólar, sino entrar en Smart, Soriana o Chedrahui y comprar a 20 pesos el kilo, y cruzar a Tejas y ver que se oferta el kilo no a 4 dólares el kilo, sino a 4 dólares la libra. Eso sería pensar realmente en el progreso del país, y haría avanzar la economía de manera insospechada."

-Pero es que las cosas no son así, me contestó una maestra, muy ducha y muy docta en estos menesteres, a lo que respondí:

"Por supuesto que las cosas son así, y a Norteamérica le funcionan de maravilla e igualmente deberían funcionar para nosotros. Por ejemplo, nadie se queja cuando va usted a Coppel, Elektra, Salinas y Rocha, y compra en 16000 pesos una laptop casi desechable que en cualquier Bestbuy puede comprar por 300 dólares, es decir, 6000 pesos. Y todos vamos a comprar cuando es posible una laptop a las tiendas gringas, porque sabemos que acá costarán como mínimo el doble, y eso lo consideramos normal en todos los sentidos. Pero con el aguacate y los plátanos y los jitomates mexicanos no. Estamos alimentando casi de a gratis a los vecinos del norte, y matando de hambre a los que sólo tienen para subsistir una triste ayuda gubernamental que llega cada bimestre."

---Sigo esperando la respuesta---

[Quizá es posible que la haya tenido, pero consideró mis dos neuronas medianamente funcionales como 'no-dignas' de recibir iluminación en estos vericuetos gastro-económicos.]

Y de aquí, paso al segundo ejemplo, más grave porque se trata de un mal incrustado, como si de técnicas CRISPR se tratase, en el adn de la burrocracia mexicana.

Por si no está enterado, cuando a usted como ciudadano mexicano y afortunado poseedor de una visa norteamericana está por vencérsele el pasaporte, puede cruzar a cualquier consulado mexicano ubicado en territorio norteamericano -agendando cita previamente-, presentarse a las 9 de la mañana para realizar el trámite de renovación del pasaporte, y regresar ese mismo día a las 4 o 5 de la tarde a recoger el documento. Es decir, en un máximo de 8 horas puede tener su pasaporte nuevo, sin mayores problemas.

Pero... ni se le ocurra intentar obtener esa misma suerte de atención en el lado mexicano, esto es, en territorio nacional. Usted deberá presentarse en las oficinas en el día y la hora acordados. Después de que se le tome la fotografía y las huellas dactilares y demás, se le enviará de regreso a casa con un boletito donde estará marcado el día y la hora en que deberá regresar para recoger el documento. Sí, adivinó usted. Pueden ser 5 días hábiles, una semana, quince días. Depende del capricho del personal que 'labora y atiende' las oficinas. No son 8 horas para realizar el mismo trámite 'premium' que en territorios norteamericanos requieren una jornada laboral, acá es necesario multiplicarlo por 5, 7 o 14, según le venga en gana a la administración en turno.

Por si fuera poco, es sabido que las citas para pasaportes, actualmente, están dándose con retraso de meses, y de repente se sabe y escucha que el promedio es de 4 meses de espera esto es, si usted necesita hacerse con el nuevo documento, podrá solicitar su cita hoy que le será agendada para el año próximo -recordemos que los departamentos gubernamentales salen de vacaciones a mediados de diciembre- y eso si bien le va. Todo porque estamos en pandemia y el límite es de... 50 pasaportes diarios. 250 pasaportes a la semana. 1000 pasaportes al mes. ¿Por qué somos tratados no como ciudadanos ya ni siquiera de segunda, quizás como ciudadanos de tercera, en nuestro propio país? La infraestructura que permite campañas de vacunación masiva, y que hicieron posible aquí en el pueblo, por ejemplo, la proyectada aplicación de 140,000 vacunas en 5 días, no puede liberar o procesar 1000 pasaportes por semana, por decir algo? ¿Cómo es posible esa vergüenza de requerir pisar tierra norteamericana para que se nos trate con un mínimo de dignidad y respeto?

La respuesta es una, indeseable y lamentable, típica y netamente mexicana. Pero mis dos neuronas están igualmente impregnadas de ese mal y hasta tal punto, que esa misma mediocridad me impide escribir la razón con todas sus letras.


1742.

Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

Comentarios

José Luis ha dicho que…
Las paradojas del capitalismo feroz y la horrenda circunstancia de tener como vecino al país más bélico e intervencionista del mundo... Me gustó mucho tu texto estimado Francisco, espero que pronto podamos leer tu novela de medio millar de páginas. Me gusta mucho como escribes.